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Los obesos y los desnutridos, están igualmente mal preparados para un brote como el de la denominada ‘gripe española’ de 1918.

El mundo está tan mal preparado para una pandemia de gripe como lo estaba en 1918, cuando se produjo el peor brote de una infección viral en la historia moderna, estiman los expertos en sanidad. Un grupo internacional de epidemiólogos que estudia la propagación viral en Nicaragua ha destacado la obesidad entre los factores que pueden exacerbar la gravedad del problema.

Los adultos obesos tardan un 42% más de tiempo en superar la influenza tipo A que aquellos que no padecen sobrepeso, revela el artículo que el equipo publicó en la reciente edición de The Journal of Infectious Diseases. El estudio asevera que entre los enfermos adultos asintomáticos o con pocos síntomas de gripe, la obesidad aumentó aún más la duración de la recuperación y del posible contagio: en un 104%.

La infección implica riesgos de complicaciones y muerte, especialmente en personas mayores, recuerdan los autores. A su vez, la obesidad altera la función inmune y provoca inflamaciones crónicas, algo que tiende a crecer con la edad. Además, complica la respiración y aumenta la demanda de oxígeno para los tejidos. Y eso que la incidencia de la obesidad en la población adulta llega al 17,4% en Nicaragua, mientras que en Estados Unidos esta proporción es del 35,5% y en todo el mundo la cifra está en aumento y su crecimiento se está acelerando.

Tanto el exceso, como la deficiencia, son un peligro

Otro estudio independiente, cuyos resultados recogió este lunes la revista Frontiers in Cellular and Infection Microbiology, también abordó la obesidad como un factor agravante de la gripe, pero sumando a la malnutrición (en sectores distintos de la población) y algunos patógenos bacterianos, que pueden atacar el organismo enfermo simultáneamente con el virus: ante todo, sarampión y malaria. A eso se sumó el problema de resistencia a los antibióticos, que también está en aumento.

Numerosos estudios se han enfocado en las causas de esta resistencia, entre las cuales predomina el consumo abusivo de esta clase de medicamentos, muchas veces sin prescripción médica. “El uso de más y más antibióticos acarrea [la aparición de] nuevas bacterias resistentes a los fármacos”, explicó en septiembre pasado el investigador australiano Ben Howden, especializado en infecciones cutáneas.

El citado estudio independiente proyecta directamente este conjunto de problemas a la perspectiva de que se repita una pandemia como la que azotó todo el planeta entre 1918 y 1920. La denominada ‘gripe española’ causó aproximadamente 100 millones de muertes entre 500 millones de enfermos.

“El desafío para las futuras pandemias de influenza no es solo proteger a aquellos que estén afectados por la malnutrición (…) sino también al creciente número de personas con obesidad”, apuntan las autoras australianas.

“Nuevas estrategias” son necesarias

Además, millones de personas murieron durante aquel histórico brote no por la gripe como tal, sino por las infecciones secundarias, y la falta de antibióticos. En las epidemias posteriores, especialmente relacionadas con el virus de Hong Kong (1968) y de la gripe porcina (2009), el uso de antibióticos redujo la mortalidad, pero últimamente se han vuelto cada vez menos eficaces.

Una de las coautoras de este segundo estudio, Carolien van de Sandt, señaló en declaraciones al diario The Telegraph que podríamos volver a 1918: “Cada vez más bacterias se están volviendo resistentes a los antibióticos, lo que podría aumentar considerablemente la gravedad de la dolencia”.

A la ineficacia de esta clase de fármacos se suma el hecho de que las vacunas contra la influenza de temporada no brindan protección para el caso de mutaciones de virus, como han sido las de la influenza aviar A (H5N1) o el A (H7N9). Por lo tanto, la investigación resalta la necesidad de “nuevas estrategias” de vacunación, en combinación con “plataformas alternativas de producción de vacunas”. Una vacuna contra la gripe que ofreciera inmunidad de amplio espectro y larga duración sería un “estándar de oro” dentro de las preparaciones para una pandemia, dice el estudio.

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