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Esta iniciativa, que prioriza los valores familiares, se ha convertido en uno de los principales estandartes del gobierno de Bolsonaro.

El proyecto de ley Escuela Sin Partido exige una posición neutra de los docentes frente a un supuesto proceso de adoctrinamiento ideológico con tintes de pensamiento de izquierda que, de acuerdo con sus mentores, estaría teniendo lugar en los centros educativos brasileños. Sus detractores tildan la propuesta de “ley mordaza”.

“Respecto a las creencias religiosas y las convicciones morales, filosóficas y políticas de los alumnos, de sus padres o responsables, los valores de orden familiar preceden a la educación escolar en los aspectos relacionados a la educación moral, sexual o religiosa”, reza literalmente el inciso que el proyecto de ley Escuela sin Partido (7180/2014) pretende incluir para modificar la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional brasileña de 1996. Menciones como “género”“orientación sexual”“ideología de género” o “preferencias políticas y partidarias” no podrían ser abordadas por los docentes ni aparecer en los materiales didácticos de acuerdo con las últimas modificaciones del proyecto de ley. Una persona con una identidad sexual o de género no reconocida por su familia, no encontraría una opción de diálogo en la escuela y la teoría científica de la creación del universo podría darse de bruces con cuestionamientos religiosos. La educación crítica y plural está siendo cuestionada por la educación moral.

Llevado a la Cámara de los Diputados en 2014, el proyecto se encuentra “archivado” desde el pasado jueves, 31 de enero. No obstante, si la comisión especial de 24 diputados, responsable por una primera validación, consigue llegar a un acuerdo y dar la luz verde, el proyecto pasaría a manos del Senado. “La propuesta de Escuela sin Partido debería llamarse ‘escuela del partido conservador’, ya que la idea es destruir la libertad de hablar sobre asuntos que tanto les molesta a los conservadores: género, diversidad étnica y libertad de expresión de las minorías, temas relacionados con las políticas de la izquierda”, explica Cecília Porto, maestra de historia en una escuela pública de secundaria en el estado de Minas Gerais. Porto considera que este proyecto, que cuenta con el apoyo de la bancada evangélica, que defiende medidas favorables a sus intereses religiosos, está ganando cada vez más seguidores porque consigue “atravesar una sociedad moralista”.

Los orígenes de esta propuesta, que ha dado incluso lugar al Movimiento Escuela Sin Partido, se remontan a 2004 cuando Miguel Nagib, por entonces procurador del estado de São Paulo, creó un primer anteproyecto contra lo que él considera como “adoctrinamiento político” después de que un profesor de su hijo comparase al Che Guevara con San Francisco de Asís. “Por una ley contra el abuso de la libertad de enseñar”, así luce el eslogan del Movimiento que defiende este proyecto.

La tarea de los docentes en el punto de mira del gobierno

“A partir del momento en el que el profesor se aprovecha de su posición, no para hablar de forma parcial equilibrada, sino para promover sus propias preferencias, está violando la libertad de consciencia y de creencia de los alumnos”, explicaba en defensa de su proyecto Nagib, también líder del Movimiento. Nagib, auto reconocido como un devoto católico, propone definir y colgar en todas las escuelas listas con lo que él y sus pares definen como “deberes del profesor”.

El profesor no se aprovechará de la audiencia de los alumnos para promover sus propios intereses u opiniones; tampoco favorecerá ni perjudicará a los alumnos según sus convicciones; no hará propaganda político-partidaria ni incitará a sus alumnos a participar en manifestaciones o actos públicos; y además tendrá que respetar el derecho de los padres a que sus hijos reciban la educación moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones, rezan algunos de los principios extraídos y resumidos de la página del Movimiento.

Los creadores de este proyecto consideran que los alumnos deben poder “defenderse contra eventuales abusos practicados por sus profesores”. Tras la elección de Bolsonaro, en octubre de 2018, Ana Caroline Campagnolo, profesora de historia y diputada estadual de Santa Catarina por el partido vencedor (PSL), propuso en sus redes sociales que los estudiantes grabasen en vídeo las clases y denunciasen a los profesores que emitiesen alguna queja sobre la victoria de Bolsonaro, lo que la llevó ante la Justicia. Aunque en noviembre de 2018 una sentencia defendió la libertad de los profesores, la jueza Maria do Rocio Luz Santa Ritta ha suspendido la liminar alegando que no vislumbra “ninguna ilegalidad en la iniciativa”. Según Luz, todo ciudadano tiene derecho a denunciar un acto de un representando del estado, “sobre todo cuando se trate de ofensas y humillaciones en proselitismo político partidario travestido de contenido educacional”.

Este proyecto es uno de los principales estandartes del gobierno de Bolsonaro y simpatizar con el mismo fue uno de los requisitos primordiales para la elección del actual ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez. Aunque todavía no ha sido aprobado, algunos profesores brasileños ya reconocen que ejercen cierta autocensura. Porto reconoce que se siente “amenazada”. Si el proyecto de ley se aprobase, “estaría siendo forzada a no emitir mis opiniones y a forzarme a encarar una neutralidad ilusoria de la práctica humana”, explica esta educadora e historiadora que teme que las escuelas públicas se conviertan en centros de preparación limitada donde los profesores enseñen contenidos factuales y los alumnos los memoricen, sin que desarrollen ningún pensamiento crítico.

Una amenaza a la construcción de un pensamiento crítico

“Quien tiene la capacidad de ser crítico, reflexiona, no acepta cualquier cosa que le digan sobre cómo es el mundo”, explica Paulo Alentejano, profesor de geografía en la Universidad Estadual de Río de Janeiro. Alentejano considera que el estímulo del pensamiento crítico no es un asunto de partidos, sino un elemento fundamental de la razón que ayuda a asimilar los conocimientos a partir del cuestionamiento.

En Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay o Perú también existen campañas contra el abordaje de asuntos como diversidad sexual en las escuelas. “Con mis hijos no te metas”, rezan los eslóganes de los movimientos peruanos moralistas que desde 2016 han inspirado a su pares de los países vecinos. En Brasil, los profesores intentan atenerse al artículo 206 de la Constitución, que garantiza la libertad de enseñanza. No obstante, entre los defensores del proyecto existe una noción de familia en la que los padres son propietarios de los hijos, según critica el movimiento de Profesores contra la Escuela Sin Partido.

“La información circula mejor que nunca, pero la reflexión crítica sobre la misma es muy limitada. Muchas personas asimilan ciertos conceptos como verdades sin pararse ni siquiera a pensar”, expone Alentejano, que también cita a las religiones neopentecostales como responsables del crecimiento de la popularidad de este proyecto. Este geógrafo añade que “el trabajo de los pastores [evangélicos] en la producción y difusión doctrinaria de información sin ningún atisbo de crítica es muy fuerte”.

Aunque los creadores del proyecto alegan que su objetivo es “proteger a los alumnos” e informarles de su derecho a no ser adoctrinados, diversas movilizaciones de estudiantes han tenido lugar en los últimos años en Brasil para posicionarse contra la propuesta. Algunas de ellas de gran envergadura como la de mayo de 2018 en Guarulhos, São Paulo, que acabó reprimida por la policía. El tenso enfrentamiento entre diputados a favor y contra resultó en la anulación de la última votación programada el 31 de octubre de 2018.

Alentejano añade que las escuelas podrían convertirse en lugares más conflictivos desde el momento en el que se incite el cuestionamiento y la denuncia del trabajo de los docentes. “Si hubiese más pensamiento crítico de la sociedad, ideas como esta no tomarían tal amplitud”, añade este profesor universitario que considera que “mientras no se apruebe como ley no debemos autocensurarnos”. Reconoce que teme que, en algún momento, pueda haber agentes infiltrados en las universidades como ocurrió en el periodo militar y afirma que los maestros están en una situación más vulnerable porque están más expuestos a la presión de las familias de los alumnos.

La maestra Porto subraya que, aunque “la resistencia debe ser fuerte, tenemos que actuar con cautela”. “Brasil vive un contexto relativamente parecido al previo al golpe de estado de 1964, en lo que se refiere a la construcción de la idea de pavor al socialismo”, según considera esta historiadora y docente que concluye que “no debemos callarnos, pero tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para enfrentarnos con sabiduría a estas imposiciones. El conservadurismo tiene muchas oportunidades de vencer (…) Debemos ser estratégicos y no combativos”.

Luna Gámez

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