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Los compradores de estas prendas femeninas usadas son en su mayoría hombres que tienen estas prendas como fetiche.

El negocio de las bragas y tangas usadas está creciendo cada vez más en España, donde muchas jóvenes y no tanto ponen a la venta su ropa interior ya sea para costearse sus estudios o bien para comprarse cualquier capricho.

Los compradores de estas prendas femeninas usadas son en su mayoría hombres que tienen estas prendas como fetiche. Eso sí, quieren que hayan sido utilizadas por la vendedora y, muy importante, que se las envíen sin lavar. La compraventa de ropa interior usada es un fenómeno muy extendido en Japón (donde hay máquinas expendedoras), que aterrizó hace unos años en España.

Se trata de un negocio en el que se invierte poco y se gana mucho. Basta con que la vendedora acuda a alguna de los cientos de tiendas en la que se puede encontrar una braga o un tanga por 5 euros, o en mercadillos de hasta 50 céntimos de euro, usarlas y ponerlas a la venta en internet. Las prendas pueden alcanzar precios desde 15 a los 70 euros, aproximadamente.

Guillermina Torresi escribió en Código Nuevo que intentó probar suerte en este mundillo cuando se dio cuenta que sus ingresos no le alcanzaban ni para pagar la calefacción en invierno.

Lo hizo después de que una amiga se lo recomendó. “Vender bragas usadas para mí era algo así como una leyenda urbana o más bien, el hecho de imaginar que existiera un grupo de consumidores que sintiera una atracción por dicha prenda manchada de flujo vaginal me parecía lejana y escasa. Qué inocente”, escribió.

Secret Panties es una de las principales páginas web españolas que gestiona el negocio de las bragas usadas en España. En su web explican que iniciarse en este negocio es realmente fácil. Todo empieza por buscar una prenda que se quiera vender, con la facilidad de que “no tiene por qué ser una prenda nueva, a veces a los compradores incluso les gustan más las que están muy gastadas”.

La gestión es igual de sencilla y transcurre de forma anónima. Una persona crea una cuenta como vendedora en la web sin dar a conocer su identidad.

Después, el cliente interesado en la prenda contactará a través de la web. Y el envío también es muy sencillo.

Actualmente cuenta con más de 10 mil vendedoras, cuya media de edad es de unos 35 años con diversos oficios: profesoras, estudiantes, secretarias, amas de casa, profesionistas de todo tipo.

Según especialistas, lo que el cliente hace con las prendas tras adquirirlas es solo guardarlas o coleccionarlas, “otras lo usan en masturbaciones y hay quienes lo incluyen en juegos sexuales”. Pero ese ya es otro tema.

 

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